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	<title>Comentarios en: Un abogado veleta (o violeta?)</title>
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	<description>El Blog Mas Bizarro de Argentina.  Videos Bizarros, Audios Bizarros, Bambino Veira, Bilardo, Britney Spears, Cronica TV, , Famosos, Fotos Bizarras, Futbol, General, Guido Suller, Luciana Salazar, Mauro Viale, Menem, Noticias, Photoshop, Pity, QP! Imágenes, Sanfilippo, Television Argentina, Videos Bizarros, Zap Tv, Bailando por un sueño, ShowMatch, Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, CQC, TVR, Duro de Domar, Diego Maradona, Leonel Messi</description>
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		<title>Por: clemente</title>
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		<dc:creator>clemente</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 05:32:28 +0000</pubDate>
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		<description>Esmeralda
EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.

Escalas
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.

La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.

Caja 53
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.

Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.

Bifurcaciones
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.

Molestias
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
Manténgase conectado.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Esmeralda<br />
EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora<br />
Redactor Estrella, especial<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.<br />
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.</p>
<p>Escalas<br />
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.<br />
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.</p>
<p>La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.<br />
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.<br />
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.<br />
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.<br />
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.</p>
<p>Caja 53<br />
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.<br />
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.<br />
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.<br />
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.<br />
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.</p>
<p>Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.<br />
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.</p>
<p>Bifurcaciones<br />
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.<br />
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.<br />
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.<br />
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).<br />
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.<br />
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.<br />
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.<br />
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.<br />
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.<br />
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.<br />
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.</p>
<p>Molestias<br />
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.<br />
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.<br />
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.<br />
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.</p>
<p>Oberdán Rocamora<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Continuará<br />
Manténgase conectado.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: dromedario</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-3909</link>
		<dc:creator>dromedario</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 05:24:05 +0000</pubDate>
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EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.

Escalas
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.

La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.

Caja 53
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.

Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.

Bifurcaciones
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.

Molestias
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
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		<content:encoded><![CDATA[<p>Esmeralda<br />
EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora<br />
Redactor Estrella, especial<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.<br />
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.</p>
<p>Escalas<br />
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.<br />
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.</p>
<p>La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.<br />
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.<br />
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.<br />
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.<br />
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.</p>
<p>Caja 53<br />
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.<br />
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.<br />
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.<br />
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.<br />
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.</p>
<p>Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.<br />
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.</p>
<p>Bifurcaciones<br />
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.<br />
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.<br />
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.<br />
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).<br />
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.<br />
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.<br />
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.<br />
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.<br />
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.<br />
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.<br />
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.</p>
<p>Molestias<br />
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.<br />
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.<br />
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.<br />
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.</p>
<p>Oberdán Rocamora<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Continuará<br />
Manténgase conectado.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: yeni2</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-3908</link>
		<dc:creator>yeni2</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Nov 2008 04:39:41 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/#comment-3908</guid>
		<description>Esmeralda
EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.

Escalas
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.

La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.

Caja 53
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.

Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.

Bifurcaciones
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.

Molestias
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
Manténgase conectado.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Esmeralda<br />
EL CRIMEN DE MITRE (XIII): Roban la esmeralda de la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequiara a Delfina Vedia. escribe Oberdán Rocamora<br />
Redactor Estrella, especial<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Entre la antología de irregularidades, que signa la investigación del crimen de Mitre, hay espacio hasta para las profanaciones del pasado, posiblemente más honorable.<br />
Alguien, sigilosamente, se robó la gran esmeralda, ajustada por 17 grifas. Engarzada en la gargantilla de oro que Bartolomé Mitre, el iniciador de la dinastía, le obsequió a la señora Delfina Vedia. Su “amada”. Fue a mediados del siglo diecinueve. Al convertirse en reliquia, la joya derivó en un símbolo de representación familiar. Hoy ultrajado.</p>
<p>Escalas<br />
La esmeralda es una piedra preciosa que abunda, sobretodo, en Colombia. En menor medida, se la encuentra en el Brasil. También en Ecuador. Pero procede de Persia, la fuente básica del Irán. Minuciosos europeos, de los que suelen repartirse los siglos, prefieren hablar del Antiguo Egipto. Porque desde las proximidades del Mar Rojo, según el mito, existieron, tres mil años atrás, las minas fascinantes de piedras cristalinas. Piedras verdes. Fascinarían, dos mil años después, a la Reina Cleopatra.<br />
La gemística indica que la dureza de la esmeralda es de 8, en la Escala de Mohs. Aportación científica aportada por el geólogo alemán Friedrich Mohs, entre los siglos dieciocho y diecinueve. Dureza 8 es equivalente al topacio. Sólo superado, por su capacidad de ralladura, por el rubí, 9, y por el diamante, 10.</p>
<p>La gargantilla de oro, con la gran esmeralda incrustada, el inspirado Bartolomé Mitre se la regaló a Delfina de Vedia, entre 1840 y 1850.<br />
María Luisa de Vedia Pérez era uruguaya. Un “ángel descendido de los cielos”, escribió el encendido poeta Bartolomé Mitre. Lo evoca Felipe Pigna, en su biografía de web.<br />
Bartolomé conoció a Delfina en 1838. Se casaron en 1841. Delfina tenía 19, era dos años mayor que Bartolomé. El marco de la historia de amor lo proporciona el Montevideo del exilio antirrosista.<br />
Tienen cuatro hijos. Bartolomé, entretanto, se hace escritor, traductor, historiador, militar, político. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, presidente de la república. Funda el diario actual de Los Saguier. La valoración de la figura de Mitre excede el ámbito acotado de esta crónica extrañamente policial.<br />
Delfina muere en 1882. Bartolomé la sobrevive durante 24 años más. Por lo tanto fue el primer depositario, hasta 1906, de aquella gargantilla de oro, con la esmeralda que hubiera ensoberbecido a Cleopatra. Sujetada, según nuestras fuentes, por 17 grifas.</p>
<p>Caja 53<br />
Durante el siglo veinte, desfilaron explicables generaciones de Mitres y de Vedias.<br />
El último depositario de la gargantilla fue Luis Emilio Mitre. Asesinado en la penúltima noche del 2005. Al crimen, tan colmado de silencios equiparables a los misterios, se le debe incorporar, ahora, el enigma de la esmeralda perdida.<br />
La joya se encontraba depositada, según nuestras fuentes, en una caja de seguridad del Banco Santander Río. Sucursal de Quintana. Recoleta. Para ser exactos, en la caja número 53, del Sector 4. Dentro de una bolsa de plástico transparente.<br />
Después del asesinato por encargo, en casi tres años de dilaciones, la gargantilla fue objeto de sistemáticos inventarios.<br />
Sin embargo, quince días atrás, acompañados del escribano, pudorosamente responsable, F.Y., se presentaron, en el Banco Santander Río, delegados de los tres hermanos Mitre. Los herederos de Luis Emilio. Respectivos abogados, en nombre de las dos mujeres. El doctor A.H., alias El Inglés, por la señora María Elisa. Y el doctor E.M., ex fiscal de trascendencia, por la señora María Elena del Rosario, alias Kinucha. Es importante consignar que, en representación del hermano varón, Bartolomé, estuvo presente el hijo. También llamado Bartolomé. El último Bartolomé de los Mitre.</p>
<p>Cuentan que el honorable escribano, F.Y., ingresó a la sala herméticamente aséptica de las cajas. Con autorización judicial. Acompañado del funcionario del banco, abrieron la caja 53, cuyo titular fuera Luis Emilio Mitre. El escribano retiró la bolsa de plástico transparente que contenía la gargantilla legendaria. Y constaba la presencia de un reloj. Para ser exactos, un Must, de Cartier.<br />
Con el envoltorio simbólicamente histórico, con la solemnidad del caso, los representantes de los tres hermanos Mitre se encaminaron hacia el reducto, relativamente espiritual, de la Joyería Escasany. Especializada en reliquias de familia, también desde el Diecinueve. En Recoleta, siempre.</p>
<p>Bifurcaciones<br />
“Jardín” donde se “bifurcan” las interpretaciones de los senderos. Borges auxilia.<br />
Están quienes afirman que el grupo solemne se dirigía, hacia la joyería Escasany, con el interés meramente pecuniario de subastar lo poco que quedaba, aún sin vender, del legado.<br />
El producto invalorablemente moral, situado dentro de la bolsa transparente, y arrastrado por el peso de la historia. Y un cuadro de Xul Solar, que improbablemente pudiera interesarle a Ignacio Gutiérrez Zaldivar.<br />
Ya habían vendido, según nuestras fuentes, hasta el departamento de Posadas. El escenario del impresionante crimen. Y distribuido, dolorosamente, entre los hermanos, valores por alrededor de 14 millones de dólares (ver “El dolor del reparto”).<br />
Otras fuentes, en cambio, aluden al entrecruzamiento fraternal de las sospechas. Porque Luis Emilio tenía, sin sembrar insidias, mucho más. En cuentas secretas, radicadas en sedes menos violables del exterior. En alguna off shore. Calcúlase que faltan contabilizar entre 10 y 15 millones de dólares. Sospechas regadas.<br />
Suerte que, entre las interpretaciones bifurcadas, seres razonables sostienen que sólo los movilizaba, a los representantes, la idea de la valoración. La cotización, en el mercado, de ambas joyas.<br />
Según alguna Garganta, el indemne especialista de la Joyería Escasany tendió el paño oscuro sobre una mesa de cristal. A los efectos de analizar las reliquias.<br />
Por el Must de Cartier, nunca podría conseguirse, al menos en Escasany, más de dos mil quinientos. A lo sumo, tres mil dólares.<br />
Pero ánimo, porque venía la pieza fuerte. La significativa gargantilla de oro, con la esmeralda altanera y rutilante, encriptada por 17 grifas. Que luciera, en su cuello, el “ángel descendido de los cielos”. Delfina Vedia.<br />
Menos poético, el especialista de Escasany extendió, sobre el paño, la gargantilla de oro. Convertida en una apreciable bijouterie de colección. Miró sin pasión a sus interlocutores. El collar tenía las grifas violentadas. Faltaba, simplemente, la esmeralda de Cleopatra.<br />
La esmeralda que figuraba, con destacada presencia, en el inventario de abril del 2006.</p>
<p>Molestias<br />
La humillación del secreto coincide, aquí, con el entrecruzamiento incómodo de las sospechas fraternales. Genera, irremediablemente, una situación molesta para el escribano. El profesional vive angustiado por su idea estricta de la responsabilidad. Conmovido, aparte, por su amistad generacional con los Mitre, iniciada por sus ancestros. La situación comienza a ser molesta, también, para los funcionarios judiciales que participaron de la expresa confección del inventario. Y para el Banco Santander Río. Que tiene quebrantado su principal producto. La inviolabilidad.<br />
Porque, que desaparezcan los 23 relojes del escenario, vaya y pase. Pasan a la categoría descartable de cacharros que solía coleccionar Luis Emilio. Pero la desaparición de la esmeralda de Delfina conduce, invariablemente, a pensar, en algo más punible que la profanación. En un robo.<br />
Al trascender el continente de esta crónica policial sin policías, va a alborotarse, con seguridad, el Juzgado Criminal de Instrucción 32. Donde hoy se radica la causa 1255/ 2006.<br />
La esmeralda esfumada podrá generar un interés superior al del propio crimen. El que fue violentamente horripilante. Contiene un destino manifiesto de olvido. Por los “senderos bifurcados” que conducen hacia el objetivo de la impunidad. La estación terminal.</p>
<p>Oberdán Rocamora<br />
para JorgeAsísDigital</p>
<p>Continuará<br />
Manténgase conectado.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: JUAN3</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-3890</link>
		<dc:creator>JUAN3</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Nov 2008 14:07:26 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/#comment-3890</guid>
		<description>Victor Stinfale tambien defendio a Maradona y Al kasar de España</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Victor Stinfale tambien defendio a Maradona y Al kasar de España</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: ESPERANZA</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-3846</link>
		<dc:creator>ESPERANZA</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Oct 2008 00:38:11 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/#comment-3846</guid>
		<description>Se reactiva la causa Mitre
Aunque Jorge Asís es pesimista, la causa por el asesinato de Luis Mitre podría reactivarse en poco tiempo. El mismo Asís alude en su último artículo al testamento ológrafo que habría dejado el ex accionista de La Nación y que nadie encontró. Aunque la Justicia no tenga la menor idea si en las horas previas a llamar a la policía se estuvo buscando en los placares del muerto un sobre que decía “Luis Emilio Mitre, testamento ológrafo”, habría más de dos personas ajenas a la familia que conocerían esa historia. En los próximos días podría haber novedades que por efecto simpático muevan el expediente de ese crimen impune.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Se reactiva la causa Mitre<br />
Aunque Jorge Asís es pesimista, la causa por el asesinato de Luis Mitre podría reactivarse en poco tiempo. El mismo Asís alude en su último artículo al testamento ológrafo que habría dejado el ex accionista de La Nación y que nadie encontró. Aunque la Justicia no tenga la menor idea si en las horas previas a llamar a la policía se estuvo buscando en los placares del muerto un sobre que decía “Luis Emilio Mitre, testamento ológrafo”, habría más de dos personas ajenas a la familia que conocerían esa historia. En los próximos días podría haber novedades que por efecto simpático muevan el expediente de ese crimen impune.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: clemente25</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-3828</link>
		<dc:creator>clemente25</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Oct 2008 05:00:01 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/#comment-3828</guid>
		<description>Mitre Vuelve 
 

A casi tres años de cometido el asesinato. ¿Por encargo?

1255/2006, una causa congelada que comienza a entibiarse. Trata del asesinato, con destino de impunidad, de Luis Emilio Mitre. La investigación naufragaba en impericias de pericias. Entre “hisopados rectales y muestras mitocondriales”. Hasta que desembarcó en la playa del Juzgado Criminal de Instrucción 32, a cargo del doctor Bruniart.
Por J.A.




NuevoEncuentro 14/10/08



1255/2006, una causa congelada que comienza a entibiarse. Trata del asesinato, con destino de impunidad, de Luis Emilio Mitre. La investigación naufragaba en impericias de pericias. Entre “hisopados rectales y muestras mitocondriales”. Hasta que desembarcó en la playa del Juzgado Criminal de Instrucción 32, a cargo del doctor Bruniart.
En representación de Kinucha, o sea de la señora María Elena del Rosario Mitre, la doctora García Giménez, junto a los letrados Mullen y Barbacchia, ostensiblemente disconformes con la parsimonia que conduce hacia la nada, sugirieron al Señor Juez que se dignara disponer ciertas “ampliaciones”. De nuevas “declaraciones testimoniales”.
“Lo que no se investigó bien en las primeras 72 horas, es mucho más difícil que pueda investigarse después de dos años y medio”. Lo confirma una discreta Garganta del Juzgado, cautelosamente autorizada.

Antología
La reseña sumaria, de las primeras 72 horas, instiga a la confección de una antología escogida de irregularidades.
Mitre fue asesinado entre la noche del viernes 30, y la madrugada del sábado 31 de diciembre de 2005. En el departamento B, del octavo piso del edificio enigmático de Posadas al 1400.
El cadáver fue descubierto recién el martes 2. A las 12.30. Por la ama de llaves, que no tenía llaves. Ella contactó al psiquiatra de Mitre, quien sí las tenía. Lo encontraron “con las piernas dobladas a la altura de las rodillas, de cúbito dorsal, vestido con una camisa floreada”.
Antes de comunicarse con las autoridades, el profesional de la psiquiatría prefirió comunicarse, prioritariamente, con los familiares del paciente que yacía.
Turno de la irrupción, alrededor de las 14.30, de los tres hermanos Mitre. María Elisa, María Elena del Rosario, y Bartolomé. Con los respectivos allegados.
Transcurren, en adelante, cuatro inexplicables horas de tiempo muerto. Junto al muerto.
A las 18.30 llegó el experimentado Comisario Pedace, de la 17. A las 18.50, llegó la Fiscal, la doctora Krazousky.

El objetivo del silencio
El Caso Mitre no debiera interesar sólo por el vínculo, inmediatamente explícito, del Sujeto, con el diario La Nación. Porque para la dilucidación del crimen, el complejo sociocultural de La Nación emerge, al contrario, como un obstáculo. La magnitud densa del poder genera un bloque de tácita obturación. Entonces el pudor se confunde con el respeto. Cóctel que se complementa con la presencia, casi inmanente, del miedo. Valores, los citados, que impiden profundizar en las diferencias de interpretación. De enfoques, de actuación, entre los miembros de la familia afectada.
Las disidencias, signadas por desconfianzas recíprocas, se perciben en los cambios de abogados. Y se agiganta con la malignidad de los rumores, habituales en las confidencias de cerrados circuitos sociales.
Para tratar la problemática herencia, ya resuelta, los tres hermanos firmaron, inicialmente, un poder para el doctor Martínez Seeber. Sin embargo la señora María Elisa de Larreta pronto revocó aquel poder. Para designar, por su parte, al doctor Hope. Es un amigo histórico de Luis Emilio. En cambio, para avanzar en las estrategias de resolución del crimen, María Elisa designó al doctor Eduardo Aguirre Obarrio, un prestigioso teórico del derecho. Con la inestimable colaboración, más práctica, del doctor Almeida.
Quien se desmarca ahora es la señora María Elena del Rosario, ”Kinucha”. Con el terceto de profesionales notables que se disponen a proporcionar un entusiasmo bastante fundamentado. A los efectos de impulsar las irritaciones del esclarecimiento.
La noción del recato, además, induce a abstenerse de indagar entre otras contradicciones. Los antagonismos. Las pujas de intereses entre exponentes de dos familias venerables, que aluden a la columna vertebral del diario.
Los Mitre y los Saguier.

Salvo excepciones justificatorias, el periodismo optó por la solidaria indiferencia del silencio. Pretexto corporativo que también condicionó, hasta hoy, a la Justicia.
Por lo tanto la impunidad, menos que una consecuencia, es un objetivo.

Champagne tibio
La indolencia de la justicia criminal contrastó con la eficacia de la justicia comercial.
La herencia material de Luis Emilio Mitre, acaso en contra de sus planificados deseos, ya se distribuyó. Con equitativa dignidad fraternal (ver “El dolor del reparto”).
Sin dilaciones espirituales, cuentan que ya hasta se vendió el escenario del crimen. El departamento de Posadas. Donde a Luis Emilio, después de penetrarlo, los sicarios lo maltrataron. Hasta matarlo.
Algunas horas después de haber esperado, en la puerta de entrada, a alguien que no llegó (tal vez porque el entregador estaba oculto, desde hacía más de media hora, adentro del edificio).
Después de haber comido solo, habitualmente indemne a la tristeza, en Panini, de Libertador y Callao. Raviolones de calabaza. Con una copa de champagne tibio.
Después de haber recibido, en su departamento, a los asesinos (los que entraron, según la evaluación basada en fuentes, por la puerta de servicio).
Eran tres, no dos, los asesinos. Uno de los tres fue el entregador. Asociados para la ceremonia repulsiva del Crimen Imperfecto. Que pudo haber sido por encargo, aunque ninguno de los abogados, que sin mayor suerte investigan, lo va a aceptar. El operativo, en todo caso, a los criminales les salió mal. Porque el encargo debió mantener ”la escenografía altiva del suicidio”. Sin convertirlo, en la impertinencia, en un asesinato vulgar. Desborde de mercenarios del sexo, violentamente marginales, que se aprovechaban de la vulnerabilidad de un solitario adinerado, de 59 años. Aunque lo mataban, extrañamente, sin siquiera obligarlo a vaciar la caja. Donde el solitario guardaba cinco decenas de miles de dólares. Algo menos, de euros. Y hasta pilones de descartable plata argentina, que sirve para gastar y sumar.

La adicción de la Verdad
Reconforta averiguar que dos años y medio después, la señora María Elena del Rosario Mitre, ”Kinucha”, a pesar de las reticencias que impone el señor Alberto, se encuentre decidida a movilizar la calma agónica de la investigación.
Los tres letrados apelan, quejosamente, por el pedido de testimonios. Las ampliaciones de los dichos de los “vigiladores”. Del psiquiatra. De la ama de llaves. Sobre todo del sustancial vecino AG, del décimo. Quien, durante la noche fatídica, acompañó, por ”casualidad”, el breve viaje en ascensor, en el edificio casi vacío. Con dos de los “supuestos” asesinos, que salieron del ascensor en el octavo. Dato que proporcionó, como tantos otros, el JorgeAsísDigital. Obtenido merced al primer correo electrónico, enviado por los asesinos. Los que utilizaron el Portal, en todo caso, para enviar un mensaje. Hacia el destinatario que, acaso, los contrató.

Los letrados impulsan, además, un “reconocimiento en rueda”. Por parte del vecino, AG. De los jóvenes M y T. El Poeta Persa, el primero, y el compañero de viaje del Ener-Rivadavio, el segundo.
Consterna que ”el reconocimiento” aún no se haya realizado. Como sorprende también la falta del estudio semiológico, comparativo, sobre los abundantes textos cruzados. Con similitudes de emisarios y características de redacción. El Portal avanzó en tal estudio, pero con conciencia absoluta de sus límites.
Para finalizar, los representantes de la señora Kinucha también reclaman el testimonio del director del Portal. ”Porque realizó innumerables publicaciones”. “Constan en actuaciones de la causa”.
Disponible, por supuesto, para cualquier requerimiento. Sin embargo, el director prefiere brindar el testimonio, en todo caso, ante quienes, por la memoria de Mitre, más lo merecen. Los lectores. Los miles de visitantes que se mantuvieron fieles, generosamente conectados. Provistos de una rescatable adicción a la verdad. Valor tan banalizado, al menos hasta hoy, en este caso, por la justicia. Y por el periodismo, que exhibe su temible potencia cuando se ocupa de los débiles.

Jorge Asís
Continuará, sólo si es necesario</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mitre Vuelve </p>
<p>A casi tres años de cometido el asesinato. ¿Por encargo?</p>
<p>1255/2006, una causa congelada que comienza a entibiarse. Trata del asesinato, con destino de impunidad, de Luis Emilio Mitre. La investigación naufragaba en impericias de pericias. Entre “hisopados rectales y muestras mitocondriales”. Hasta que desembarcó en la playa del Juzgado Criminal de Instrucción 32, a cargo del doctor Bruniart.<br />
Por J.A.</p>
<p>NuevoEncuentro 14/10/08</p>
<p>1255/2006, una causa congelada que comienza a entibiarse. Trata del asesinato, con destino de impunidad, de Luis Emilio Mitre. La investigación naufragaba en impericias de pericias. Entre “hisopados rectales y muestras mitocondriales”. Hasta que desembarcó en la playa del Juzgado Criminal de Instrucción 32, a cargo del doctor Bruniart.<br />
En representación de Kinucha, o sea de la señora María Elena del Rosario Mitre, la doctora García Giménez, junto a los letrados Mullen y Barbacchia, ostensiblemente disconformes con la parsimonia que conduce hacia la nada, sugirieron al Señor Juez que se dignara disponer ciertas “ampliaciones”. De nuevas “declaraciones testimoniales”.<br />
“Lo que no se investigó bien en las primeras 72 horas, es mucho más difícil que pueda investigarse después de dos años y medio”. Lo confirma una discreta Garganta del Juzgado, cautelosamente autorizada.</p>
<p>Antología<br />
La reseña sumaria, de las primeras 72 horas, instiga a la confección de una antología escogida de irregularidades.<br />
Mitre fue asesinado entre la noche del viernes 30, y la madrugada del sábado 31 de diciembre de 2005. En el departamento B, del octavo piso del edificio enigmático de Posadas al 1400.<br />
El cadáver fue descubierto recién el martes 2. A las 12.30. Por la ama de llaves, que no tenía llaves. Ella contactó al psiquiatra de Mitre, quien sí las tenía. Lo encontraron “con las piernas dobladas a la altura de las rodillas, de cúbito dorsal, vestido con una camisa floreada”.<br />
Antes de comunicarse con las autoridades, el profesional de la psiquiatría prefirió comunicarse, prioritariamente, con los familiares del paciente que yacía.<br />
Turno de la irrupción, alrededor de las 14.30, de los tres hermanos Mitre. María Elisa, María Elena del Rosario, y Bartolomé. Con los respectivos allegados.<br />
Transcurren, en adelante, cuatro inexplicables horas de tiempo muerto. Junto al muerto.<br />
A las 18.30 llegó el experimentado Comisario Pedace, de la 17. A las 18.50, llegó la Fiscal, la doctora Krazousky.</p>
<p>El objetivo del silencio<br />
El Caso Mitre no debiera interesar sólo por el vínculo, inmediatamente explícito, del Sujeto, con el diario La Nación. Porque para la dilucidación del crimen, el complejo sociocultural de La Nación emerge, al contrario, como un obstáculo. La magnitud densa del poder genera un bloque de tácita obturación. Entonces el pudor se confunde con el respeto. Cóctel que se complementa con la presencia, casi inmanente, del miedo. Valores, los citados, que impiden profundizar en las diferencias de interpretación. De enfoques, de actuación, entre los miembros de la familia afectada.<br />
Las disidencias, signadas por desconfianzas recíprocas, se perciben en los cambios de abogados. Y se agiganta con la malignidad de los rumores, habituales en las confidencias de cerrados circuitos sociales.<br />
Para tratar la problemática herencia, ya resuelta, los tres hermanos firmaron, inicialmente, un poder para el doctor Martínez Seeber. Sin embargo la señora María Elisa de Larreta pronto revocó aquel poder. Para designar, por su parte, al doctor Hope. Es un amigo histórico de Luis Emilio. En cambio, para avanzar en las estrategias de resolución del crimen, María Elisa designó al doctor Eduardo Aguirre Obarrio, un prestigioso teórico del derecho. Con la inestimable colaboración, más práctica, del doctor Almeida.<br />
Quien se desmarca ahora es la señora María Elena del Rosario, ”Kinucha”. Con el terceto de profesionales notables que se disponen a proporcionar un entusiasmo bastante fundamentado. A los efectos de impulsar las irritaciones del esclarecimiento.<br />
La noción del recato, además, induce a abstenerse de indagar entre otras contradicciones. Los antagonismos. Las pujas de intereses entre exponentes de dos familias venerables, que aluden a la columna vertebral del diario.<br />
Los Mitre y los Saguier.</p>
<p>Salvo excepciones justificatorias, el periodismo optó por la solidaria indiferencia del silencio. Pretexto corporativo que también condicionó, hasta hoy, a la Justicia.<br />
Por lo tanto la impunidad, menos que una consecuencia, es un objetivo.</p>
<p>Champagne tibio<br />
La indolencia de la justicia criminal contrastó con la eficacia de la justicia comercial.<br />
La herencia material de Luis Emilio Mitre, acaso en contra de sus planificados deseos, ya se distribuyó. Con equitativa dignidad fraternal (ver “El dolor del reparto”).<br />
Sin dilaciones espirituales, cuentan que ya hasta se vendió el escenario del crimen. El departamento de Posadas. Donde a Luis Emilio, después de penetrarlo, los sicarios lo maltrataron. Hasta matarlo.<br />
Algunas horas después de haber esperado, en la puerta de entrada, a alguien que no llegó (tal vez porque el entregador estaba oculto, desde hacía más de media hora, adentro del edificio).<br />
Después de haber comido solo, habitualmente indemne a la tristeza, en Panini, de Libertador y Callao. Raviolones de calabaza. Con una copa de champagne tibio.<br />
Después de haber recibido, en su departamento, a los asesinos (los que entraron, según la evaluación basada en fuentes, por la puerta de servicio).<br />
Eran tres, no dos, los asesinos. Uno de los tres fue el entregador. Asociados para la ceremonia repulsiva del Crimen Imperfecto. Que pudo haber sido por encargo, aunque ninguno de los abogados, que sin mayor suerte investigan, lo va a aceptar. El operativo, en todo caso, a los criminales les salió mal. Porque el encargo debió mantener ”la escenografía altiva del suicidio”. Sin convertirlo, en la impertinencia, en un asesinato vulgar. Desborde de mercenarios del sexo, violentamente marginales, que se aprovechaban de la vulnerabilidad de un solitario adinerado, de 59 años. Aunque lo mataban, extrañamente, sin siquiera obligarlo a vaciar la caja. Donde el solitario guardaba cinco decenas de miles de dólares. Algo menos, de euros. Y hasta pilones de descartable plata argentina, que sirve para gastar y sumar.</p>
<p>La adicción de la Verdad<br />
Reconforta averiguar que dos años y medio después, la señora María Elena del Rosario Mitre, ”Kinucha”, a pesar de las reticencias que impone el señor Alberto, se encuentre decidida a movilizar la calma agónica de la investigación.<br />
Los tres letrados apelan, quejosamente, por el pedido de testimonios. Las ampliaciones de los dichos de los “vigiladores”. Del psiquiatra. De la ama de llaves. Sobre todo del sustancial vecino AG, del décimo. Quien, durante la noche fatídica, acompañó, por ”casualidad”, el breve viaje en ascensor, en el edificio casi vacío. Con dos de los “supuestos” asesinos, que salieron del ascensor en el octavo. Dato que proporcionó, como tantos otros, el JorgeAsísDigital. Obtenido merced al primer correo electrónico, enviado por los asesinos. Los que utilizaron el Portal, en todo caso, para enviar un mensaje. Hacia el destinatario que, acaso, los contrató.</p>
<p>Los letrados impulsan, además, un “reconocimiento en rueda”. Por parte del vecino, AG. De los jóvenes M y T. El Poeta Persa, el primero, y el compañero de viaje del Ener-Rivadavio, el segundo.<br />
Consterna que ”el reconocimiento” aún no se haya realizado. Como sorprende también la falta del estudio semiológico, comparativo, sobre los abundantes textos cruzados. Con similitudes de emisarios y características de redacción. El Portal avanzó en tal estudio, pero con conciencia absoluta de sus límites.<br />
Para finalizar, los representantes de la señora Kinucha también reclaman el testimonio del director del Portal. ”Porque realizó innumerables publicaciones”. “Constan en actuaciones de la causa”.<br />
Disponible, por supuesto, para cualquier requerimiento. Sin embargo, el director prefiere brindar el testimonio, en todo caso, ante quienes, por la memoria de Mitre, más lo merecen. Los lectores. Los miles de visitantes que se mantuvieron fieles, generosamente conectados. Provistos de una rescatable adicción a la verdad. Valor tan banalizado, al menos hasta hoy, en este caso, por la justicia. Y por el periodismo, que exhibe su temible potencia cuando se ocupa de los débiles.</p>
<p>Jorge Asís<br />
Continuará, sólo si es necesario</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: kimikey</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-1363</link>
		<dc:creator>kimikey</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 May 2008 17:52:20 +0000</pubDate>
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		<description>puajjjjj què asco!, Maria Marta, Norita, y siga siga siga...., 2 pesos en el bolsillo y te aseguràs la impunidad! por supuesto la culpa la tiene el muerto (dicho sea de paso, el ùnico q no declara), en fin... cada pueblo tiene lo que se merece y lo que se le parece, dijo alguien, y en el tema &quot;justicia&quot; lo màs acertado de la frase.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>puajjjjj què asco!, Maria Marta, Norita, y siga siga siga&#8230;., 2 pesos en el bolsillo y te aseguràs la impunidad! por supuesto la culpa la tiene el muerto (dicho sea de paso, el ùnico q no declara), en fin&#8230; cada pueblo tiene lo que se merece y lo que se le parece, dijo alguien, y en el tema &#8220;justicia&#8221; lo màs acertado de la frase.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: carolina</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-1308</link>
		<dc:creator>carolina</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 May 2008 03:08:13 +0000</pubDate>
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		<description>Ener quiere ser “cantante popular”
Guardado en Información general &#124; 
Ener Gaspar Chiappetta, el único que estuvo preso por la investigación del asesinato de Luis Mitre, se lanza como “cantante popular”. 


Foto: César Casco</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ener quiere ser “cantante popular”<br />
Guardado en Información general |<br />
Ener Gaspar Chiappetta, el único que estuvo preso por la investigación del asesinato de Luis Mitre, se lanza como “cantante popular”. </p>
<p>Foto: César Casco</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: GABRIEL</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-902</link>
		<dc:creator>GABRIEL</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Mar 2008 16:53:13 +0000</pubDate>
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		<description>UKI GOÑI DIJO QUE EL CRIMEN DE SU AMIGO LUIS MITRE ES MAFIOSO!!
 








En la misma edición, Perfil informa que amigos y allegados a la víctima(LUIS MITRE) iniciaron una investigación paralela, porque no creen que haya sido un crimen pasional.Junto a esa noticia aparece una columna del periodista Uki Goñi a quien le habían pedido una semblanza de su amigo, Luis Emilio Mitre.Pero Goñi elige hablar de sus dudas sobre esta misteriosa muerte. Y aporta algunos datos:



“Cuando entraba en su departamento, Luis habitualmente se sacaba los zapatos y ponía un CD. No se sacaba la gorra casi ni para dormir. Los policías encontraron los CD corridos y la gorra al lado, en el piso. Sabemos que fue golpeado en la cabeza con un elemento contundente (…) Cuando la policía entró el lunes en el departamento, el desorden que encontró no era mayor que el desorden habitual de Luis. No se habrían encontrado signos de forcejeo. Pero el aire acondicionado estaba encendido a la máxima potencia. Según criminalistas consultados, esto podría ser signo de un acto mafioso o político, ya que el aire acondicionado altera las huellas digitales y dificulta la determinación del horario del asesinato. La policía halló un guante blanco en el piso de la entrada del departamento. También se sabe que una bolsa de residuos (¿dejada por el asesino?) habría aparecido luego del crimen en el hall de servicio, donde habitualmente la recoge el portero. ¿Qué pasó con esta bolsa? (…) Una computadora, que Luis compró hace años pero que jamás aprendió a usar, estaba encendida, con una lámpara alumbrándola. Para encenderla, se tumbó al piso una cantidad de objetos sobre la mesa que dificultaban el acceso a ella ¿Qué datos se buscaban allí? Aparentemente, los únicos elementos sustraídos fueron unas condecoraciones del padre de Luis, el fallecido ex director de La Nación, Bartolomé Mitre, arrancadas del marco donde se encontraban. No tienen valor económico. Un pequeño cuadro de Xul Solar, fácilmente transportable, fue olímpicamente ignorado (…) Suena como la elección de un desubicado o como un mensaje a la familia Mitre y a La Nación (…) Puede ser que la investigación maneje datos, que no conviene dar a luz todavía, que confirmen que Luis fue víctima de un crimen pasional o de un simple robo. Ojalá así sea. Pero no descarto otra respuesta a este misterio”.FUENTE:LAS PERIODISTICAS</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>UKI GOÑI DIJO QUE EL CRIMEN DE SU AMIGO LUIS MITRE ES MAFIOSO!!</p>
<p>En la misma edición, Perfil informa que amigos y allegados a la víctima(LUIS MITRE) iniciaron una investigación paralela, porque no creen que haya sido un crimen pasional.Junto a esa noticia aparece una columna del periodista Uki Goñi a quien le habían pedido una semblanza de su amigo, Luis Emilio Mitre.Pero Goñi elige hablar de sus dudas sobre esta misteriosa muerte. Y aporta algunos datos:</p>
<p>“Cuando entraba en su departamento, Luis habitualmente se sacaba los zapatos y ponía un CD. No se sacaba la gorra casi ni para dormir. Los policías encontraron los CD corridos y la gorra al lado, en el piso. Sabemos que fue golpeado en la cabeza con un elemento contundente (…) Cuando la policía entró el lunes en el departamento, el desorden que encontró no era mayor que el desorden habitual de Luis. No se habrían encontrado signos de forcejeo. Pero el aire acondicionado estaba encendido a la máxima potencia. Según criminalistas consultados, esto podría ser signo de un acto mafioso o político, ya que el aire acondicionado altera las huellas digitales y dificulta la determinación del horario del asesinato. La policía halló un guante blanco en el piso de la entrada del departamento. También se sabe que una bolsa de residuos (¿dejada por el asesino?) habría aparecido luego del crimen en el hall de servicio, donde habitualmente la recoge el portero. ¿Qué pasó con esta bolsa? (…) Una computadora, que Luis compró hace años pero que jamás aprendió a usar, estaba encendida, con una lámpara alumbrándola. Para encenderla, se tumbó al piso una cantidad de objetos sobre la mesa que dificultaban el acceso a ella ¿Qué datos se buscaban allí? Aparentemente, los únicos elementos sustraídos fueron unas condecoraciones del padre de Luis, el fallecido ex director de La Nación, Bartolomé Mitre, arrancadas del marco donde se encontraban. No tienen valor económico. Un pequeño cuadro de Xul Solar, fácilmente transportable, fue olímpicamente ignorado (…) Suena como la elección de un desubicado o como un mensaje a la familia Mitre y a La Nación (…) Puede ser que la investigación maneje datos, que no conviene dar a luz todavía, que confirmen que Luis fue víctima de un crimen pasional o de un simple robo. Ojalá así sea. Pero no descarto otra respuesta a este misterio”.FUENTE:LAS PERIODISTICAS</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: raul</title>
		<link>http://www.masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/comment-page-1/#comment-697</link>
		<dc:creator>raul</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Mar 2008 21:15:39 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://masbizarro.com.ar/2007/09/27/un-abogado-veleta-o-violeta/#comment-697</guid>
		<description>RICARDO MATIAS PINTO EL JUEZ QUE LIBERO A GASPAR CHIAPPETTA! LAS CLAVES DE LA CUASA!
 














EL JUEZ QUE INTERVIENE EN EL ASESINATO DE LUIS EMILIO MITRE (RICARDO MATIAS PINTO)PIDIO LA CAPTURA DE GASPAR ENER CHIAPPETTA EL DIEZ DE ENERO DEL AÑO 2006.LO ACUSO DEL CRIMEN DIRECTAMENTE,X LO VISTO SIN PRUEBAS A LA VISTA.



CUANDO ES DETENIDO EL IMPUTADO CHIAPPETTA FUE TRASLADADO A LA CARCEL DE MARCOS PAZ Y LIBERADO X ORDEN DEL JUEZ PINTO A SOLO 15 DIAS.PORQUE LO LIBERARON SI ANTES LO ACUSARON FORMALMENTE DEL CRIMEN DE LUIS E. MITRE?</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>RICARDO MATIAS PINTO EL JUEZ QUE LIBERO A GASPAR CHIAPPETTA! LAS CLAVES DE LA CUASA!</p>
<p>EL JUEZ QUE INTERVIENE EN EL ASESINATO DE LUIS EMILIO MITRE (RICARDO MATIAS PINTO)PIDIO LA CAPTURA DE GASPAR ENER CHIAPPETTA EL DIEZ DE ENERO DEL AÑO 2006.LO ACUSO DEL CRIMEN DIRECTAMENTE,X LO VISTO SIN PRUEBAS A LA VISTA.</p>
<p>CUANDO ES DETENIDO EL IMPUTADO CHIAPPETTA FUE TRASLADADO A LA CARCEL DE MARCOS PAZ Y LIBERADO X ORDEN DEL JUEZ PINTO A SOLO 15 DIAS.PORQUE LO LIBERARON SI ANTES LO ACUSARON FORMALMENTE DEL CRIMEN DE LUIS E. MITRE?</p>
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