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Uno de los principales accesos a la capital salteña debió ser cortado al tránsito cuando dos enormes boas constrictor cruzaron el asfalto y comenzaron a aparearse sobre la ruta.

Los especialistas coincidieron en afirmar que se trataba de dos ejemplares jóvenes de lampalagua, un macho y una hembra, de 2,30 y 2,50 metros de largo y 15 y 18 kilogramos, respectivamente.

Según explicaron los especialistas, las boas, cuyo nombre científico es “constrictor-constrictor”, tuvieron “una explosión de amor juvenil” -ya que se trataba de dos ejemplares adolescentes- y comenzaron a aparearse en medio de la ruta.

Los automovilistas, dada la dimensión de las serpientes, tocaron sus bocinas para tratar de asustarlas y que se movieran, pero en general debieron recurrir a espectaculares maniobras y volantazos para evitar arrollarlas.

Para suerte de la fogosa pareja, en ese momento pasó por allí Orlando Araujo, técnico laboratorista y un ambientalista declarado, según señaló en su edición de hoy el diario El Tribuno.

El hombre, con el doble objeto de normalizar el tránsito y evitar posibles accidentes, detuvo su marcha, tomó a las serpientes por la cola, las depositó en la caja de su camioneta y regresó hasta la plaza del peaje.